Este es un relato del mundo de Cenystel, un spin off dentro de este mundo. Es creación mia así que no permito que nadie lo ponga en ninguna parte. Es solamente mio y he decidido compartirlo aquí abriendo así mi sección de relatos.

Chispas de Salamandra
Blossom, la adolescente de dieciséis años de pelo anaranjado y ojos verdes, resopló cuando se miró en el espejo. Aún no había conseguido volar ni tampoco definir su magia. A diferencia de su amiga Blodwen que ese mismo verano había descubierto que era una dríade, un hada de los bosques durante la fiesta anual que se celebraba en el suelo del bosque.
Ni siquiera se había diseñado el traje de hada, algo que la definiese.
Se puso sus acostumbrados vaqueros con bordados de flores y un top con mangas que se ataba por detrás, debajo de las alas dejando al descubierto la zona de arriba de la espalda para que las alas pudieran moverse con facilidad. Blossom estaba harta, de todo en general, su padre era una mezcla de razas de hadas, tenía un poco de todo y su madre principalmente era una ninfa. Esperaban mucho sus padres de ella y sentía que los iba a defraudar. Ya le faltaba poco para la graduación, apenas dos años para recibir su varita mágica de hada y ya pasaría a ser una universitaria. Sentía una opresión en el pecho por los nervios, el estrés y el fracaso.
Cogió la mochila, a diferencia del mundo mortal, el mundo de los humanos, allí en el mundo mágico conocido como Cenystel, las hadas tenían todo el año instituto.
Un asco, pensó Blossom recordando la suerte de los mortales al tener vacaciones en verano.
Y más asco aún porque tenía que aguantar a las lamias, a la insufrible Cinzia y sus poco imaginativas y sin personalidad amigas. A ella y a su amiga Blodwen las llamaban Las Flores Blancas Frescas.
Sus padres ya se habían ido así que no tuvo que poner buena cara, fuera de su casa, la esperaba Blodwen.
-Hola B-la saludó, se había teñido el pelo a un tono castaño otoñal con toques dorados en el verano.
-Hola-tampoco es que le entusiasmara andar por los puentes hasta el instituto. Todas las hadas de la ciudad, iban al instituto volando en vez de caminar por los puentes. La ciudad estaba edificada en lo alto de los arboles y cada estructura estaba conectada por puentes colgados en el vacio entre árbol y árbol.
-No tengas esa cara tan larga, este es nuestro año B-Blodwen se mostraba positiva pero solo desanimaba a Blossom ya que ella aún no había conseguido sus anhelados objetivos.
-Wen, no hace falta-tenía un buen trozo hasta la escuela pero ya desde allí se podía divisar las torres claras con cristaleras, unas estructuras cilíndricas que se elevaban varios metros por encima de los demás edificios permitiendo así que los rayos que se filtraban a través de las hojas cayeran en las vidrieras proyectando miles de colores alrededor.
Alrededor se veían aletear a las múltiples hadas adolescentes que volaban para aprender a ser un hada de verdad.
Blossom solo pensó que todas eran unas exhibicionistas.
Cuando llegaron a la escuela, fueron directas a su clase de aprendizaje de vuelo, toda hada debía volar. Era una regla, para algo estaban las alas.
Todas las clases tenían lugar en lo alto de una de las torres, todas ya sabían volar y consideraban una perdida de tiempo todas las alumnas de ese curso pero para Blossom suponía un reto que no conseguía superar ningún día. Le daba miedo, era una gran altura y nunca lograba saltar.
-Vamos Blossom, tu puedes hacerlo, no te caerás ni llegarás a tocar el suelo-otra promesa de la profesora Caroline, una sílfide, hada de los vientos.
En opinión de ella, Caroline solo lo decía porque era un hada de los vientos y la profesora nunca había tenido problemas a la hora de volar.
-No puedo-murmuro Blossom en el borde de la sala, mirando al lejano césped del instituto y sin evitar echar una ojeada al aún más lejano suelo del bosque. Sintió vértigo y le empezaron a fallar las piernas, iba a desmayarse, retrocedió un paso para no caer.
-Creo que necesita un empujón-Cinzia se adelantó y lanzó un rayo azulado a la espalda de Blossom.
Ella se tambaleó hacia delante y perdió el equilibrio, cayó. Desplegó las alas y como siempre se mantuvo un poco pero siguió cayendo a gran velocidad, no podía batir las alas, no podía volar.
Blossom vio como el suelo se acercaba cada vez más a ella y no podía evitarlo porque no era un hada de verdad, solo era un fracaso más en su larga lista.
Se sentía inútil.
Entonces algo salió de la nada y la cogió al vuelo, llevándola de nuevo hacia arriba. Era un chico de la misma raza que ella, perteneciente a las hadas. Su pelo oscuro era largo y se movía incesantemente con cada sacudida de las alas. Tenía la misma edad que Blossom y la insignia de su pecho le delataban como delegado del curso del instituto masculino de hadas.
-Menos mal que pasaba por aquí-comentó el chico.
La dejo en el suelo de la sala y ella se sintió mejor una vez piso tierra firme.
-Gracias.
-No es nada, mi nombre es Aron-se presentó.
-Yo soy B…-empezó ella pero la profesora los interrumpió.
-Basta de charlas, esto es una escuela femenina, ¿qué hace aquí interrumpiendo mi clase?
-Vengo a hablar con la directora sobre el baile de presentación del nuevo curso-se explicó él.
-Señoritas, la clase queda suspendida-anunció Caroline-Ahora si es tan amable de acompañarme, le llevaré hasta la directora.
Blossom suspiró de alivio, no tendría que volver a intentar otra vez dar el fatídico salto que tanto temía.
-B, ha faltado poco, me has dado un susto terrible-Blodwen le dio un abrazo.
-No pasa nada Wen, suerte que Aron me ha cogido.
-Después de comer, si quieres lo volvemos a intentar hoy-prometió Blodwen.
-Que hada más patética-rieron Cinzia y el resto.
Ella no les hizo ni caso y arrastró a su amiga, era una perdida de tiempo y si empezaban una pelea mágica, sabía que ella iba acabar perdiendo ya que aún no había definido su magia.
El resto del día paso lentamente con las clases de transformación, las clases sobre naturaleza básica…ella no se podía concentrar porque solo pensaba en su obsesión.
En el amplio comedor, empezó a hacer flotar los vasos, distraídamente.
-Esta bien B, ya vamos ya vamos, pero déjame terminar de comer.
Blossom se fijó en que había hecho flotar todos los platos.
-Lo siento chicas-se disculpó con una sonrisa.
Pero no todas aceptaron sus disculpas, las lamias no perdonaban tan fácilmente como el resto de las hadas.
Cinzia y el resto siguieron a Blossom y Blodwen quienes se dirigían a la torre para una clase extra de vuelo.
-Vamos B, no es tan difícil, es más fácil de lo que parece-dijo Wen alzando el vuelo y volando por la sala. Luego se atrevió y salió fuera-Te encantará una vez te atrevas.
-No se Wen…-una vez más, miró abajo y todo le pareció mucho más alto de lo que estaba. Las dudas volvieron.
-Ni siquiera llegas al nivel de pixie-dijo Cinzia apareciendo. Chasqueó los dedos, apareciendo unos dardos mágicos de una piedra azul brillante.
Los lanzó contra Blossom quien se tiró al suelo para evitarlos.
Un grito hizo que se volviera, le habían dado a Blodwen en las alas y la hada empezó a caer.
-¡Wen!-gritó ella, no lo pensó dos veces, se tiró de la torre para coger a su amiga. Algo totalmente imprudente por su parte.
Consiguió llegar hasta ella y cuando la cogió, desplego sus alas.
-¡Rápido, aletea ya!-le pidió Wen viendo que iban a acabar hechas puré en el césped de la escuela.
Blossom hizo caso a su amiga y aleteó todo lo que pudo. Se dio cuenta que no era tan difícil como parecía pero la escasez de práctica y el peso extra no ayudaron.
Volaba por fin la chica pero al final acabaron dándose un golpe leve contra el suelo.
-Al menos has volado-dijo Blodwen frotándose la espalda.
-¡He volado! ¡Lo he conseguido, lo he conseguido!-Blossom pegó unos saltos de alegría al ver su sueño cumplido.
Cinzia descendió junto con sus compañeras.
-Mirad, al final consiguió volar la oruga pero las orugas son muy frágiles-Cinzia empezó a recitar un hechizo para volver a atacarlas.
Blossom, ya harta de los insultos, las burlas y por lo que acaban de hacerle a su amiga en las alas, decidió plantarles cara. No iba a dejar que volvieran a pisotearla nunca más.
Los ojos se le tornaron por unos instantes a naranja y apuntó las manos hacia las chicas.
Simplemente gritó por la ira contenida en todos esos años y un rayo de fuego surgió de sus manos.
Cinzia y el resto se llevaron un buen susto, se les chamuscaron un poco las alas pero no llegó a más. La directora al saber de la pelea, castigo duramente a las lamias y a las dos amigas las hizo limpiar la torre durante una semana.
Aún así nadie podía quitar la felicidad de Blossom de aquel día en el que voló por primera vez y descubrió que era una Hada Salamandra, una hada del fuego.
Llegó el día del baile de presentación, y ella ya tenía su vestido de hada, diseñado por ella misma y que la definía como una Salamandra. Era un vestido rojo con piedras de la misma gama de tonalidades cosidas a el, tenía un escote de barco, permitiendo a las alas unos movimientos más cómodos y así luciendo al mismo tiempo un collar que le habían regalado sus padres por volar ya por fin. Las mangas eran anchas que caían hasta los primeros nudillos de las manos. Se hizo una trenza.
Blodwen también lucía un vestido con bordados de flores y piedras preciosas cosidas, con un cuello alto y mangas anchas. Las dos juntas fueron al baile.
-El próximo año estaremos en distintas clases…-se lamentó Wen.
-No te preocupes, no vamos a dejar de ser amigas por ser de distinta clase-le animó ella-Juntas para siempre.
Brindaron por un nuevo comienzo.
Aron la encontró entre la multitud de estudiantes que bailaban en el salón decorado con cintas y globos de luz voladores. También había estatuas de las distintas clases de hadas que existían, todas apuntando hacia el techo, hacia la vidriera donde había el dibujo de una luna que simbolizaba la unión de todas las razas de hadas bajo el manto protector del rey de las Hadas.
-¿Quieres bailar?-le preguntó él. Blossom accedió algo sonrojada ya que la última vez que se habían visto, Aron la tuvo que rescatar.
Blodwen no tardó en encontrar a un chico con el que bailar que resultó ser el mejor amigo de Aron, Leonard.
-Deberíamos volver a encontrarnos un día, uno en el que no tenga que ir a hablar con la directora de tu colegio.
-Si, y un día en el que yo no me caiga del balcón.
Ambos sonrieron por la promesa de quedar un día.
Dos años después ya era la graduación de Blossom y Blodwen. Blossom salía con Aron desde hacia poco y Blodwen con Leonard.
Ambas estaban ansiosas por recibir su varita mágica de Hadas, símbolo de que ya eran unas auténticas hadas aunque les faltara superar luego la universidad para tener el título.
Cuando Blossom recibió su varita plateada con la estrella dorada en la punta, no pudo evitar sentir euforia. Lo había conseguido, años de trabajo, esfuerzo, duras pruebas…se sentía orgullosa, ya confiaba en si misma como no lo había hecho tiempo atrás y sentía que podía conseguir cualquier cosa que se propusiera.
Solo había que desearlo lo suficiente y lanzarse. Dar el salto.